Aún con emoción por el arranque anoche del Rosa Fina 2026

Sí, emocionados por el triple salto musical que vivimos anoche en Casares en el arranque del Rosa Fina 2026.

Como el año pasado, el festival planteó un preámbulo a pie de calle, tarea que acometió con éxito la panda de verdiales Raíces de Los Moras, animando con su música y su baile la plaza de España y al público que allí se congregaba.

Una de las manifestaciones de folclore vivo más antiguas de Europa

Los verdiales constituyen una de las manifestaciones de música tradicional con mayor arraigo histórico en la provincia de Málaga. Este fandango ancestral conecta además de manera natural con nuestro propio fandango casareño.

Procedentes de Almogía y con Paco Domingo como alcalde de la panda, los verdiales que oímos anoche presentan un estilo diferente a los de Comares y los Montes. Al igual que ocurre en el de los Montes, la fiesta de Almogía conserva un marcado carácter ritual, visible tanto en los bailes de bandera como en el baile de la propia panda. En lo musical, destaca el ritmo vivo y alegre, con el sonido agudo del violín marcando buena parte de la melodía, acompañado por las guitarras a rasgueo y la cadencia insistente de castañuelas y platillos.

Una escena de la historia casareña

El pasacalles de anoche evocaba una escena que bien podría haber formado parte del paisaje festivo de Casares hace más de un siglo, cuando todavía eran habituales los bailes de candil. La antigüedad de los verdiales es, en cualquier caso, difícil de precisar. Su ritual conserva elementos que algunos investigadores han relacionado con antiguas celebraciones mediterráneas e incluso con las Saturnales romanas, aunque no puede establecerse una continuidad histórica directa. Su transmisión fundamentalmente oral durante siglos dificulta poner una fecha a sus orígenes. Lo que sí está fuera de duda es su profundo arraigo histórico y su existencia anterior a la configuración moderna del flamenco.

De la tradición oral al escenario: Balateabajo

Y de una propuesta a pie de calle pasamos a otra ya sobre el escenario. Balateabajo sorprendió con una formación de dieciséis personas —nueve mujeres y siete hombres— en la que las voces y las percusiones tienen un enorme protagonismo.

Miguel Hiroshi dirige este grupo nacido en La Taha alpujarreña, que recupera y reinterpreta músicas de tradición oral de la zona. Entre ellas, Chavalilla mía, una letra recogida por su abuelo, Eduardo García Puga, con la que cerraron su actuación y que se ha convertido en la primera pieza grabada de este prometedor proyecto.

Jorge Pardo: uno de los grandes puentes entre el flamenco y el jazz

Balateabajo nos reservó además una sorpresa maravillosa: la aparición como artista invitado de Jorge Pardo, que añadió con su flauta una atmósfera sonora verdaderamente mágica, acompañado también por el bajo de Juanfe Pérez.

Flautista y saxofonista, Jorge Pardo fue una pieza fundamental en la renovación del flamenco junto a Paco de Lucía y se ha convertido en uno de los grandes puentes entre este género y el jazz. Una figura imprescindible del flamenco contemporáneo y un músico de referencia internacional que anoche se sumó, casi como un regalo, a la propuesta de Balateabajo.

Raúl Rodríguez trío en Casares: un concierto que permanecerá en la memoria

El cierre de la noche difícilmente podía haber sido mejor: tres enormes músicos sobre el escenario: Raúl Rodríguez, voz y tres flamenco; Juanfe Pérez, bajo y coros; y Jimmy González, batería y percusiones.

El repertorio bebió de los tres discos de Raúl RodríguezRazón de son (2014), La raíz eléctrica (2017) y La razón eléctrica (2023)—, un itinerario artístico y de investigación que refleja a la perfección la vocación del músico sevillano por indagar, explicar y hacer visibles los vínculos que conectan las músicas de ambas orillas del Atlántico.

Las conexiones afroamericanas, las historias de ida y vuelta, el son y el flamenco fueron los hilos conductores de un concierto en el que las melodías del tres flamenco de Raúl dialogaban continuamente con el bajo de Juanfe y las percusiones de Jimmy. El ritmo y la intensidad no decayeron durante las casi dos horas de actuación, en las que también pudimos disfrutar de un extraordinario solo de Juanfe Pérez.

La energía «eléctrica» de Raúl y su tres flamenco —que resistió incluso dos roturas de cuerda—, la maestría de Juanfe con su bajo de cinco cuerdas y el soberbio control de Jimmy González sobre su particular set de percusión, en el que conviven elementos de una batería acústica tradicional con un rototom y diferentes recursos de raíz afrolatina, explican por qué los tres ofrecieron anoche uno de esos conciertos que permanecerán en la memoria.

Y dejaron además una idea que resume muy bien el espíritu de esta primera noche del Rosa Fina: que lo verdaderamente tradicional también consiste en seguir inventando nuevas maneras de transmitir un legado colectivo. Siempre hacia delante, pero construyendo con respeto sobre todo aquello que hemos heredado.

Gracias a quienes lo hacen posible

El Festival Rosa Fina de Casares, en el que nos apasionan precisamente estos puentes entre la tradición, el flamenco, otras músicas y el arte en general, es posible gracias al patrocinio principal del Ayuntamiento de Casares, junto a Votorantim Cimentos, Finca Cortesín, Diputación Provincial de Málaga, Carpintería Román y Urbincasa.

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