
Rosa Fina 2025: la música como potente activadora de emociones
Un viernes de festival inolvidable: un taller de musicoterapia que evidenció el poder de la música como activadora de emociones; la culminación de la obra de Patricio Hidalgo, destinada a una causa solidaria; un emotivo manifiesto en apoyo al pueblo palestino, que sufre un vergonzoso genocidio; la energía del grupo granadino Fandila, con su fusión de música popular andaluza, sonidos magrebíes y pìnceladas de rock; y, como broche final, la actuación del Javier Ruibal, cuya voz, poesía y compromiso cerraron la noche con intensidad y emoción.
El primer día de conciertos en Casares arrancó con un lleno absoluto y la magnífica actuación de Fandila. Antes de la música, la organización del festival y el Ayuntamiento de Casares realizaron una declaración conjunta en apoyo al pueblo de Gaza, que fue largamente aplaudida por el público. En ella se pidió a la comunidad internacional el fin del genocidio que ya ha provocado más de 60.000 muertes y la expulsión de miles de personas de sus tierras en la franja de Gaza.





La noche de las músicas andaluzas
Para la actuación de Fandila, Rosa Fina 2025 reunió a músicos de primer nivel que fusionan tradición y modernidad, mostrando influencias de la música popular andaluza, del Magreb y del rock. El grupo, con Ramón Rodríguez y María Vallejo como núcleo principal, contó con la colaboración habitual de Alonso Díaz y Zeke Olmo, a quienes se unieron en esta ocasión casareña David Montañés y Virginia Moreno.
Interpretaron parte de los temas recogidos en sus tres discos publicados, junto a una pieza experimental creada para el Festival Rosa Fina, en la que los poetas David Eloy Rodríguez y José María Gómez Valero recitaron sobre el fondo musical del grupo.








Javier Ruibal: voz, poética y compromiso
El gran cierre musical de la noche llegó de la mano de Javier Ruibal, acompañado por Javi Ruibal en la percusión y José Recacha en guitarras y bajo.
Con su voz, poesía y compromiso, el cantautor gaditano abrió el concierto con una declaración de principios: “Yo soy africano”. A lo largo de la velada interpretó algunos de sus temas más emblemáticos, como «La Reina de África», «Un ave del Paraíso», «Aurora», «La rosa de Alejandría» o «Isla mujeres» coreados por un público entregado.
Uno de los momentos más especiales se produjo con «La flor de Estambul», cuando subió al escenario la bailarina de danza oriental Ana Zaeeda, en un encuentro artístico inédito en Casares que creó a una atmósfera mágica.
La noche concluyó con «Agualuna», confirmando la capacidad de Ruibal de reinventar las modulaciones del flamenco, dotándolas de un estilo propio que partiendo de los aires de su Cádiz natal, suma las influencias de ambas orillas del Mediterráneo.

La fiesta del fandango, pintada por Patricio Hidalgo
Durante toda la jornada, Patricio Hidalgo dio los últimos trazos a la obra que comenzó el jueves: una recreación de la fiesta del fandango que antaño llenaba de vida las calles casareñas. En esta ocasión, el artista se inspiró en la improvisada celebración que tuvo lugar la noche anterior en la plaza del pueblo, cuyos colores y energía ha trasladado al lienzo.
La pintura evoca los antiguos bailes de candil, que en Casares tienen como particularidad el protagonismo femenino, tanto en la danza como en el acompañamiento musical.
El cuadro será subastado en beneficio del proyecto que impulsa la asociación local Mol Beh Taa, que en menos de dos años ha construido y puesto en marcha una escuela de primaria en Douassu (Gambia). Los fondos recaudados contribuirán a garantizar la continuidad de este equipamiento educativo y su papel en el desarrollo de la comunidad.





La música como potente activador de emociones
Por tercer año consecutivo se celebró en el marco del festival un taller de musicoterapia, impartido con gran profesionalidad por la música y profesora Virginia Moreno, especialista en clarinete y acordeón. Una experiencia que puso de manifiesto el poder de la música como activador de emociones.
Esta actividad no sería posible sin la colaboración imprescindible de la asociación Botika, que desde 2014 desarrolla en Casares programas de asistencia sociosanitaria y terapias dirigidas a personas con enfermedades neurodegenerativas, daño cerebral o diversidad funcional.
Fotografías: Claudia Ruiz Caro y Rafael Galán García
